Mundo ficciónIniciar sesiónLa taza de café de Mónica permanecía intacta, el vapor era ya casi inexistente. Ella mantenía la mirada fija en la ventana, rígida, distante.
—La noto callada, señorita Mónica —dijo finalmente—. Aún no ha tocado su café.Mónica desvió la mirada hacia la mesa, apretó los labios y soltó una breve risa sin humor.—Esto es una pérdida de tiempo —respondió—. No sé qué hago aquí.Empujó la silla hacia atrás con la clara intención de levantarse y marcharse. Daniel reaccionó de inmediato, pero no elevó la voz.—¿No soy un objeto de su conveniencia?La frase cayó con peso. Mónica se quedó paralizada, con una mano apoyada en el respaldo de la silla. Lentamente volvió a sentarse. Alzó la mirada y se encontró con los ojos de Daniel, firmes, sin reproche, pero tampoco complacientes.—Está bien —admitió—. Lo diré sin rodeos. Acepté esta taza de café con la intención de obtener algo a cambio.






