Mundo ficciónIniciar sesiónLa taza de café de Mónica permanecía intacta, el vapor era ya casi inexistente. Ella mantenía la mirada fija en la ventana, rígida, distante.
—La noto callada, señorita Mónica —dijo finalmente—. Aún no ha tocado su café.Mónica desvió la mirada hacia la mesa, apretó los labios y soltó una breve risa sin humor.—Esto es una pérdida de tiempo —respondió—. No sé qué hago aquí.Empujó la silla hacia atrás con la clara intención de levantarse






