Los días pasaron volando y, tras su supuesta luna de miel, Alejandro y Ana Laura regresaron a la imponente mansión Barcherotti.
En el estudio de Don Martín
— ¿Abuelo? —Alejandro entró al estudio con una sonrisa radiante, interrumpiendo el silencio donde Don Martín manejaba los hilos de su imperio.
— ¡Muchachos! ¿Cómo les fue? —preguntó el anciano, levantando la vista de sus papeles—. Espero que traigan muchas fotografías.
— Por supuesto, abuelo. Fue una luna de miel perfecta —respon