Albert Hansel abandonó el departamento de su hijo con una indignación que apenas podía contener. Para él, Victoria no era más que un error que amenazaba el prestigio de los Hansel. Al llegar a la residencia que compartía con Elisa en la ciudad, descargó su furia.
-¿Cómo pudiste permitir que una muchacha tan corriente se convirtiera en la mujer de nuestro hijo? -le recriminó a su esposa.
-¿Crees que no lo intenté? -replicó Elisa, sirviéndose una copa de vino con manos temblorosas-. ¡Me opu