Victoria se metió en la cama esa noche con una sonrisa grabada en el rostro. Los besos de Liam seguían quemando en su piel y, al cerrar los ojos, fue inevitable que el deseo la venciera. Soñó con él, soñó que hacían el amor con la misma pasión desbordante de años atrás, sintiendo que el tiempo no había pasado y que sus cuerpos aún se pertenecían.
A la mañana siguiente, al llegar al colegio con Juan Manuel, sus ojos se iluminaron al ver el auto de Liam.
-¡Papá! -gritó el niño, lanzándose a