―Pero me daba mucha vergüenza la verdad, por si pensabas que era idiota perdida.
―Y muy rara, Sonia, me das miedo.
―Tan rara no soy, lo que pasa es que siempre tomo las decisiones más… aparatosas.
―¡Ahí le has dado!
―Eso unido a que me pasan cosas muy extrañas… ¿Sabes qué? ―en un brote de entusiasmo apoyó la mano en su brazo para hablar―. Te debo una cena. No te superé en pasado escabroso, pero creo que te superaré en un futuro próximo de esa terminología.
―Me estás asustando, Sonia. ¿Qué tiene