Falta veinte minutos para las siete cuando llegamos a casa.
El malhumor de David estaba más allá de las nubes y nos hizo trabajar más de lo debido. Aunque, sus amigos cumplieron su palabra. No me hicieron perder la paciencia y el único esfuerzo que hice fue levantar un lápiz y decirles lo que debían arreglar. La verdad, estaban muy bien preparado pero con eso de que el abogado contrario tenía muchas más pruebas, ellos no podían quedarse atrás.
David salió del auto dando un portazo. Santiago, po