Llegamos a la cafetería y al entrar, algunos ojos voltearon a vernos.
Eso me preocupaba. No saber por qué voltean a verte, y/o tener alguna sospecha del motivo era lo peor que a alguien podía pasarle.
Sin embargo, David y yo ignoramos todas las miradas y nos dirigimos a una mesa. Justo al frente de la televisora. Y vimos el motivo exacto de porque voltearon.
-¿Qué hacen nuestras fotos en la televisión? -pregunté.
-Suba el volumen, por favor -le dijo David a la camarera.
Y escuchamos claramente: