Estuve caminando cada rincón de la casa, arriba abajo, de la cocina a la sala, luego al porche.
Sabia que mi actitud los tenía nervioso pero nadie se atrevía a preguntar por qué. En oportunidades mi mirada se posaba en David, estaba preocupado y no aguanté más. Empecé a llorar.
-Kar, querida, ¿qué pasa? -me pregunta Carmen.
-Oh, Carmen -digo y me lancé a sus brazos-. No creo que sea buena idea que lo sepas.
Y me dejó llorar en su hombro. Me consoló por unos minutos. Luego David se acercó y me a