En una de las fotos se veía claramente que el desconocido le entregaba a Lucas. Sonreían. Estaba más que obvio que se conocían y que quizá, éste desconocido fuese su jefe. Tenía el porte de serlo. Y no sé de dónde, pero se me hacía conocido. Estoy casi segura que me lo encontré un par de veces en casa.
-¡Responde, Gonzalo! -seguí insistiendo, estaba vez casi a gritos.
-¿Pasa algo, señora? -sale corriendo Fernando de la cocina-. ¿Señora? -insiste al no obtener respuestas. No podía dejar de mirar