Me preparé para lo peor. No había algo que no estuviera destruido.
Los vidrios rotos, sillas y mesas destruidas, se habían llevado algunas cosas de las oficinas. En el preciso momento que entré sentí como mi corazón se detuvo. Era horrible.
-¿Te encuentras bien? -preguntó Alejandro tomándome de la mano-. Puedo revisar yo.
-Lo haremos ambos -dije en tono tranquilo y seguro.
Él hizo un gesto de afirmación y les indico a los chicos seguir revisando los perímetros afuera. Alejandro no pensaba arrie