Juliette
El interior de la limusina se sentía como una burbuja hermética, un silencio denso que nos aislaba del mundo.
Seth no me soltó la mano ni un solo segundo, aunque tampoco se dignó a mirarme. Mantuvo la vista fija en la ventanilla tintada, viendo cómo las luces de Nueva York se convertían en estelas de neón borrosas, mientras su pulgar acariciaba el dorso de mi mano.
Lo miré discretamente. El gesto tierno e inconsciente contrastaba con la tensión en su mandíbula.
Tenía cientos de pregun