Juliette
—¡Julian!
El grito de mi madre resonó en el pasillo.
Julian se detuvo, respiraba con dificultad, con el rostro desencajado por el alcohol y la furia. Eleanor estaba en la puerta de mi habitación, envuelta en su bata de seda, mirándonos con una frialdad calculadora que daba más miedo que la violencia de Julian.
—¿Qué estás haciendo? ¿Acaso te has vuelto loco? Mañana es la subasta.
Parpadeé, incrédula.
«¿Es en serio? ¿Acaso le importa más una ridícula subasta?»
—Ella tiene un regalo de él —escupió Julian—. Lo sigue viendo a escondidas. Me está engañando en mi propia cara.
—No me importa si tiene las joyas de la corona británica —replicó Eleanor—. Me importa que mañana tiene que subir a un escenario. Si le dejas una sola marca visible, arruinas la subasta. Necesitamos ese dinero y esa publicidad para limpiar nuestro nombre.
Julian finalmente se levantó, retrocedí en el suelo, intentando poner distancia. Sentí las lágrimas humedecer mis ojos y un pinchazo agudo en el pecho.
Era m