Juliette
—¡Julian!
El grito de mi madre resonó en el pasillo.
Julian se detuvo, respiraba con dificultad, con el rostro desencajado por el alcohol y la furia. Eleanor estaba en la puerta de mi habitación, envuelta en su bata de seda, mirándonos con una frialdad calculadora que daba más miedo que la violencia de Julian.
—¿Qué estás haciendo? ¿Acaso te has vuelto loco? Mañana es la subasta.
Parpadeé, incrédula.
«¿Es en serio? ¿Acaso le importa más una ridícula subasta?»
—Ella tiene un regalo de é