Juliette
El viaje de regreso a la villa en la lancha fue silencioso. Pero no era el silencio cómodo de la ida, donde las miradas lo decían todo. Era un silencio fúnebre.
Seth no me tocó. Mantuvo la vista fija en el horizonte oscuro, con la mandíbula tan tensa que parecía tallada en piedra. Su teléfono no paraba de vibrar en su bolsillo, una y otra vez, como un corazón taquicárdico, pero él lo ignoraba.
Al llegar a la villa, el paraíso se sentía contaminado.
Entramos en la sala principal y Seth