Juliette
—Entonces destrúyenos —susurré contra sus labios, desafiando al destino.
No esperé su respuesta. Me alcé sobre las puntas de mis pies y sellé mi boca con la suya.
Esta vez no hubo choque. No hubo violencia. Hubo una rendición absoluta.
Seth soltó un gemido que vibró en su garganta y sus brazos me envolvieron, no para inmovilizarme, sino para sostenerme. El beso fue lento, profundo, con sabor a vino tinto y a una añoranza de cinco años. Sus labios se movían sobre los míos con una revere