Início / Romance / Serie Venganza / AUNQUE ME CUESTE LA CORDURA
AUNQUE ME CUESTE LA CORDURA

Capítulo IV - Vanesa

Todo comenzó una tarde, cursaba segundo año. Era fin de mes, había comprado mi almuerzo con las últimas monedas que me quedaban y, justo al salir del bar de la facultad, una chica me empujó sin querer. La bandeja voló y toda la comida terminó en el piso.

Con el bolsillo vacío, ya sabía que ese día no iba a probar bocado. Entonces apareció él. Un chico de lentes gruesos, barba desprolija y un aspecto bastante desalineado, se acercó.

—Vanesa González, ¿no?

Consultó nervioso.

—Te estaba buscando. Cursamos juntos una materia… Quería ver si querías hacer el trabajo final conmigo. Sé que sos muy buena estudiante. Yo fui ayudante en Biología I el año pasado.

Hablaba rápido, con un tono atropellado y se movía raro, como si no supiera qué hacer con el cuerpo.

No lo recordaba, en esa clase éramos más de doscientos y yo no solía prestar atención a quienes no estaban en mis grupos. Acostumbrada a que me buscaran para "hacer trabajos" solo para colgarse de mi promedio, pensé que con él pasaría lo mismo, pero como me invitó a almorzar, acepté.

Lo que pasó después me descolocó. Emanuel no necesitaba mi ayuda. Era brillante, mucho más que yo. Estaba a punto de recibirse, y manejaba los contenidos con una soltura que hasta me generaba un poco de envidia, aunque nunca lo admitiera en voz alta.

No entendía por qué había querido hacer equipo conmigo, y nunca se lo pregunté, pero ese año nos hicimos compañía. Nos volvimos cercanos.

Yo estaba rota, venía de un problema grave con un profesor y evitaba volver a los dormitorios para no cruzármelo. Por lo que empecé a dividir mis días entre la biblioteca y la casa de Emanuel.

Sus padres no estaban nunca. La madre se había ido al extranjero, y el padre dormía en un departamento cerca del hospital donde trabajaba. Así que la casa estaba a nuestra disposición. Tenía varias habitaciones libres y una sala enorme que usábamos para estudiar, me vino bárbaro.

Entre apuntes, mates fríos y madrugadas con olor a café, nos volvimos inseparables. Me sentía cómoda con él, me hacía bien. Por lo menos hasta que todo se fue al carajo.

El día que entregamos el trabajo final, el último que él necesitaba para recibirse, fuimos a celebrarlo a un bar. Yo tomé de más, aunque recuerdo que él me insistía para que frenara, pero yo no quería. Tenía demasiadas cosas encima que no podía contar y que me estaban haciendo m****a.

—¿Por qué siempre estás conmigo?

Recuerdo haberle reclamado, ya con la lengua suelta. Le tomé la cara con ambas manos.

—Tendrías que buscarte una novia… y dejar de salir con perdedoras como yo.

A mi favor, debo decir que no quería arrastrarlo conmigo, aunque me encantara tenerlo cerca. Incluso me había acostumbrado a su aura medio hippie, a su barba enorme y el cabello enmarañado que solía tener cada vez que se preparaba para un examen. Hasta sus lentes me gustaban en esa época.

Lo abracé sin pensarlo, hundí la cara en su pecho. Sentía como si no necesitara sostenerme, segura de que él iba a hacerlo por mí.

Y entonces lo escuché. Murmuró bajito:

—¿Qué mujer se me va a acercar si vos te la pasás acariciándome?

Me largué a reír. Con él podía ser yo y eso me encantaba. Lo malo fue que después de ese hermoso momento vino ese silencio raro. Lo sentí moverse, se inclinó hacia mi oído y respiró hondo antes de soltar esas palabras:

—Me gustás, Vane.

Lo besé sin pensarlo. Fue un gesto torpe, impulsivo. Con el corazón acelerado y los labios temblando de nervios, choqué con su boca como si estuviera corriendo sin freno. Sentí el calor de su aliento, el roce de su piel. Era suave, se había afeitado y cortado el cabello esa tarde.

Cuando por fin se animó a avanzar, me sostuvo con ambas manos y apretó sus labios contra los míos. Mi respiración se aceleró cuando su lengua me invadió, era mi primer beso francés y estaba resultando ser de lo mejor. Me dejé llevar y él también. Ni me importó que otros estuvieran también en el bar.

Solo por esa noche quería olvidarlo todo. Sin embargo, después... lo demás se volvió un agujero negro en mi memoria.

Lo último que recuerdo de esa noche es el sabor de ese beso. Y eso es extraño, porque al día siguiente desperté en una de las habitaciones de su casa. Estaba desnuda y me dolía el cuerpo. Tenía la cabeza embotada, pero no sabía si era por el alcohol o por lo otro.

No estaba en el cuarto conmigo. Así que, sin pensarlo, me vestí algo avergonzada, Me fui porque tenía un compromiso al que no podía faltar. Sin embargo, más tarde, ese mismo día, le mandé un mensaje.

“Perdón por todo. Estaba borracha y no fui justa.”

No me animé a decirle la verdad. No recordaba nada y aunque sentía que algo había pasado, no sabía cómo. Esa incertidumbre me tuvo mal durante días. No quería sonar como una víctima por no recordar, ni que pensara que me arrepentía de algo que seguramente me había gustado.

Autora: Osaku

Continue lendo este livro gratuitamente
Digitalize o código para baixar o App
Explore e leia boas novelas gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de boas novelas no aplicativo BueNovela. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no aplicativo
Digitalize o código para ler no App