Te entrego mi corazón
Cuando llegaron a la playa en la limusina, ya era de noche. George bajó primero y abrió la puerta para Julia. Al salir, ella se quedó sin palabras. Un camino de velas iluminaba la arena, guiándolos hasta la puerta de la casa, decorada con luces blancas que le daban un aire mágico.
—¿Qué se supone que estás haciendo? —consultó Julia con una sonrisa pícara.
—Tratándote como el amor de mi vida —respondió George, ayudándola a bajar.
Mientras caminaban entre las velas, comenzó