La luna se había coronado en el cielo, las luces de las farolas eran la única iluminación que entraba por la ventana. Permanecía en silencio, observando el paquete de comida preparada con el que había regresado del extraño encuentro. Los nervios aprisionaban su estómago, anudándolo. Desde que Dalia se marchó con los visitantes, el mundo se vino abajo. Releía una y otra vez el mensaje que le había mandado su amiga.
«Karla lo siento, esas personas estaban muy interesadas en el departamento. Creo