Tras una hora en el baño, quejarse por mojarse las vendas y tener que despegarlas de unas heridas que aún no habían sanado, buscó desesperada algo con que taparse las vergonzosas marcas; pero no encontró nada. Terminó por tirarse al suelo sollozando envuelta en una toalla y maldiciendo el día que despertó a esa nueva vida.
Un tímido golpe en la puerta la sacó del llanto.
—¿Estás bien? —Sin importarle el estado en el que se encontraba, abrió. Frente a ella estaba Cristian, la observa preocupado.