Karla no podía creerse la buena suerte y los cambios sucedidos en su vida. Tenía unos nuevos amigos que se comportaban con ella como familia, y un trabajo perfecto, el cual comenzaba ese mismo día. Esa misma mañana Cristian la llamó para avisarle de que debía presentarse en la oficina. Lloró cuando su nuevo jefe puso sobre sus manos los documentos que la señalaban como una inmigrante legal. No sabía ni tampoco quería preguntar cómo hizo para conseguirlos con tanta rapidez. No se quejaría de su