Aledis se encontraba sobre la cama abrazada a su oso de peluche. No había pegado ojo en toda la noche por esperar una respuesta que nunca llegó. Sabía que debía levantarse, y comenzar el día a pesar de no tener ganas de hacerlo.
«No puedo detener mi vida por un hombre que reapareció para perturbar mi existencia». Agarró el teléfono y volvió a mirarlo a pesar de saber que no había nada en él. Se contuvo de rogar que le contestara. Se sentía débil y poca cosa, pero necesitaba los mensajes de ese