Punto de vista: Khael
La oficina del Alfa estaba envuelta en sombras, solo iluminada por la luna que se filtraba a través del ventanal. Alaric permanecía junto a la chimenea, con el ceño fruncido y las manos entrelazadas como si contuviera algo que no podía sostener más.
—¿Te acordás? —pregunté, cruzando la puerta sin tocar.
Alaric levantó la cabeza. Su mirada estaba ausente.
—¿De qué?
—De Nayara —respondí con calma—. ¿Recordás quién la recibió cuando llegó? ¿Quién fue el primero en ve