Observo a Raphael en su estudio mientras permanezco junto a la puerta. El tecleo confirma lo concentrado que está en su trabajo y que no se fija en mí.
Jugueteo con el sobre. Esto no está bien, pero tiene que saberlo. Saco la foto del sobre y luego leo la nota en silencio, antes de volver a meter ambas cosas en el sobre.
—¿Vas a entrar o te vas a quedar mirándome desde la puerta? —. grita la voz de Raphael.
Me limpio la palma sudorosa en los vaqueros. —No quería molestarte.
Levanta la vista