La luz me da en los ojos y me obliga a abrirlos. La cabeza me da vueltas mientras me levanto poco a poco.
—Cuidado—, dice Raphael a mi lado.
Me giro hacia él. No recuerdo lo que ha pasado, solo que estaba llorando en sus brazos. Odio estar indefensa en sus brazos.
—¿Qué ha pasado? — Digo frotándome el cuello.
—Te has pasado toda la noche llorando, Sara. Sabes que eso no puede ser bueno.
Asiento con la cabeza. —Me siento confusa.
—Pues sí—, dice entregándome una pastilla y un vaso de agua.