Estoy en el salón de casa de mis padres. Mis manos empiezan a temblar y me las limpio en los vaqueros para calmarme. —¿Por qué me cuentas esto ahora? —. les digo.
—Tenías todo el derecho a saberlo—, dice padre dando un paso adelante en un intento de agarrarme la mano.
Me alejo un paso de él. —¡No lo hagas!
Madre se sienta en el sofá secándose las lágrimas. —Lo siento. Hace tanto tiempo que queríamos decírtelo.
Miro a mi madre y luego a mi padre. Están angustiados. Pero eso no arregla nada.