Intento no reaccionar al ver a Aaron de pie frente a mí. Ahora tiene barba, una que no tenía cuando lo vi en el hospital. Tiene arrugas en la frente y alrededor de los ojos. Ha envejecido mucho más rápido que su edad real.
Recorro la habitación con la mirada, pero Raphael no está. ¿Qué le habrán hecho?
Sigo con la mano en el picaporte. Por un segundo, me planteo abrir la puerta y volver corriendo al baño.
—No te atrevas—, dice Aaron como si intuyera lo que pensaba hacer.
—Raphael—, digo con con