Lejos... Muy Lejos
Estoy temblando.
Raphael me agarra las manos y me frota las palmas con las suyas para calmarme.
—No pasa nada—, me dice.
Casi consigo que lo maten. Se sacrificó por mí, no puedo dejar que le pase esto.
Levanto los ojos del suelo de cemento y le miro. Veo que le chorrea sangre por un lado de la cara y que tiene un corte en el torso.
Así que no soy adoptada y Aaron está vivo. Es mucho para asimilar. La ira hierve en mi interior. ¿Cómo han permitido mis padres que ocurriera esto?
Veo a la policía