El hospital tenía un silencio tenso, interrumpido solo por el sonido intermitente de los pasos sobre el suelo encerado y los murmullos distantes de enfermeras pasando lista.
Jon y Eleonor caminaban uno junto al otro, sin mirarse, con el mismo miedo dibujado en los ojos.
Él sostenía el abrigo en una mano, ella el bolso presionado contra el pecho. Habían pasado la noche en vela, respondiendo llamadas de abogados, de la policía, de reporteros que querían saber si era cierto lo que decían los titul