El día seguía lluvioso y amenazaba con no parar de llover, las gotas golpeaba los ventanales del despacho de Jon Smith. Dentro, el hombre repasaba unos contratos con el ceño fruncido, el sonido del reloj de pared marcando un compás pesado y solemne. Todo parecía rutinario hasta que la puerta se entreabrió con suavidad y la figura de Eleonor apareció, vestida con una blusa color marfil y una mirada que mezclaba preocupación con miedo.
—Jon —dijo en voz baja, cerrando la puerta tras ella—. Neces