El reloj marcaba las 10:17 de la mañana cuando el teléfono vibró sobre la mesita de noche.
Logan, aún medio dormido, entreabrió los ojos. La luz del sol se filtraba con fuerza por las persianas entreabiertas, dándole directo al rostro. Tomó el teléfono a tientas, apenas pudiendo enfocar la pantalla.
Mensaje de Nathan:
“¿Dónde estás, Logan? Son más de las diez. Te estoy esperando en la oficina.”
El corazón de Logan dio un salto.
—Mierda… —susurró, incorporándose bruscamente.
El sueño lo abandonó