La pista ardía bajo las luces del anochecer. El rugido de los motores se mezclaba con el griterío del público, con los flashes de las cámaras y el olor a gasolina flotando en el aire espeso. Logan se ajustó los guantes, respiró hondo y se colocó el casco. Podía escuchar el latido de su corazón golpeándole el pecho como otro motor más.
Había esperado semanas por esa carrera, pero esa noche no lograba concentrarse. Cada vez que cerraba los ojos, la imagen de Nathan aparecía sin permiso: su mirada