Seduciendo al rey de la mafia 34. Gran día
La brisa suave de la noche acariciaba mi rostro mientras caminaba junto a Giovanni, la luz plateada de la luna bañaba el jardín de un resplandor mágico. El olor de las flores impregnaba el ambiente a nuestro alrededor, sin embargo, en mi corazón, resonaba una tensión inesperada.
Giovanni se desplazaba a mi lado con una elegancia que no correspondía al individuo psicópata que me mantenía secuestrada. Me orientaba con su mano hacia un banco bajo la sombra de un árbol con su mano. Sin necesidad de