66. No todo es malo
—Derek, espera…—jadeaba lentamente separándome de sus labios.
En ese momento, mi mente estaba completamente en blanco, no lograba pensar con claridad en sus manos. Las caricias recorrieron mi piel mientras me bajaba bruscamente los pantalones. Un intenso suspiro de deleite se liberó de mi parte, mientras observaba sus ojos fríos. Esos ojos llenos de crueldad habían disparado a un hombre hace unas horas atrás.
—No, no podemos, déjame pensar.
Trataba de distanciarme, pero con un gesto provocativo,