59. Mi perdición
Mientras descendíamos del avión privado de Derek, sentí la suave brisa marina acariciando mi piel y contemplé la majestuosa residencia que se erguía en la isla exclusiva a donde Derek me habia llevado. La edificación era impresionante, con elementos arquitectónicos que emanaban elegancia en cada rincón. Era inevitable; una sonrisa irónica se formó en mi rostro.
—Derek con el dinero invertido en esta propiedad, se podría erradicar el hambre en todo el planeta. —expresé con un ligera sonrisa mis