23. No es necesario que te disculpes
Después de mi despedida con Derek, él me proporcionó una tarjeta de crédito ya que lamentablemente yo lo había perdido todo. Le prometí que se lo pagaría, pero él simplemente respondió que podía gastar lo que deseara, que su amor por mí era como su tarjeta, sin límites. El comentario que recibí me hizo ruborizar ligeramente y, de repente, experimenté una sensación al mismo tiempo que me hizo reir, pues entre el y yo solo había un contrato falso de prometidos.
Mi corazón, por alguna razón descon