••Narra Evangeline••
Los huesos, los músculos, todo me pesaba, me palpitaba. Era como si hubiera ingerido una tonelada de plomo.
Me costó abrir los ojos, viendo borroso. Una silueta femenina estaba ante mí, su cabellera negra cayendo sobre los hombros.
—¿Ya despertaste? —La voz era dulce, joven.
Y por un segundo, aquella cabellera negra cobró vida. Los ojos se tornaron verdes y grandes, y su rostro… Era ella. Era mi hermana.
La cabeza me daba vueltas, pero mis ojos no podían apartarse de m