Leí minuciosamente el contrato, sin permitirme sentir intimidada por la mirada gélida del hombre al otro lado del escritorio.
“Acuerdo de confidencialidad y servicios personales:
La parte A (Evangeline Bonet) proveerá servicios íntimos exclusivos a la parte B (Cipriano Grimaldi)
La parte B se responsabilizará de los gastos de manutención, alojamiento, alimentos y vestuarios de la parte A. Además de una asignación mensual de cinco cifras como consideración de sus servicios”.
Cinco cifras.
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