••Narra Cipriano••
El teléfono vibraba en mi mano. Otra vez. La misma luz roja parpadeando en la pantalla, el mismo número inexistente en mi agenda, la misma desesperación creciendo en mi pecho.
"No contesta". Eso me había dicho el casero. "Se marchó anoche. No sé a dónde. No vi a dónde. No vi nada".
Su incompetencia era molesta.
Una sola tarea tenía. Vigilarla. Y había fallado.
Ese maldito la había dejado escaparse en medio de la noche y el aviso no me llegó hasta horas más tarde.
Él