La voz de Cipriano llenó el lugar.
No la había escuchado así desde aquella noche en el club, cuando se puso en contra de sus propios hombres para protegerme. La pistola presionaba la sien de Marcello con una firmeza que no dejaba lugar a dudas.
Marcello levantó las manos lentamente, sus ojos no se apartaron de los míos en ningún momento. Y llevaba… esa sonrisa. Siempre esa maldita sonrisa llena de diversión y confianza.
—Tranquilo, Grimaldi. Solo estábamos conversando.
—Te he dicho que no l