Caminó hacia nosotras con esa seguridad que lo caracterizaba. Todos se apartaban a su paso. Las mujeres suspiraban. Los hombres se enderezaban, como si su presencia les recordara quién mandaba o a quien retaban.
—Feliz cumpleaños, hermana —dijo, besando la mejilla de Vittoria.
Era lo más cercano que los había visto actuar. Sabía que se querían, pero era difícil tenerlos a los dos en una misma habitación y evitar que se arrancarán el cabello mutuamente.
De pronto, se giró hacia mí.
Sus ojos