No se separó de mi lado en toda la noche. Me mantuvo tomada de su cintura, como si temiera que yo misma saliera corriendo. Su pulgar trazaba círculos perezosos en mi piel de manera ocasional. Y entendí que lo hacía distraídamente mientras charlaba con sus invitados. De vez en cuando, lo veía perseguir a Vittoria con la mirada y si un hombre se le acercaba a hablar, le daba una señal a sus empleados para que la alejaran con una excusa barata.
Su sobreprotección casi me hizo voltear los ojos.
En