La pastilla pasó, pero la bilis se acumuló en mi garganta, espesa y cruel.
Me levanté de golpe, sintiendo como los ojos se me llenaban de lágrimas.
El pecho me dolía, porque esta forma en la que estaba viviendo solo me causaba más ardor que satisfacción. Perdí el punto de mis objetivos, de mi propósito y ahora no era más que la amante embarazada de un hombre comprometido con la mujer que me torturó en el pasado.
Caminé hasta mi ropa de sirvienta, notando lo destruida que estaba. La camisa des