Cuando el final del receso llegó y la campana volvió a escucharse en toda la zona estudiantil, Oliver se afligió al entender que Abigaíl había entrado, pero que jamás había salido.
Se decidió a entrar, aun cuando consideró que era la acción más osada que había cometido después de acostarse con ella.
No quería ser visto ingresando a una zona que no le correspondía, así que fue cauto en cada pisada y movimiento.
La zona estaba oscura y lo primero que le aturdió fue el vapor que salía del fondo.