Traía una bonita y masculina sonrisa dibujada en todo el rostro, los ojos le brillaban y la sudadera se le adhería al cuerpo con burla, enseñando los pectorales y abdomen apretado que lo caracterizaba.
—¿Qué están haciendo? —preguntó sin saludar y luego miró a Simona, quien tenía una mueca de triunfo en el rostro. Esquivó a su esposa y caminó por la sala—. ¿Y las niñas?
—Las levanté temprano y las llevé al colegio —dijo Simona con autosuficiencia—. Y les puse sus ensaladas de verduras y galleta