El hombre bajó y recorrió las escaleras de la casa de Abigaíl y sus hermanastros con lentitud, conforme ella se aseó en privado en el cuarto de baño de su dormitorio.
Se fijó en cada detalle que componía su casa y cuando llegó a la cocina, se percató de una llave que no funcionaba de manera adecuada.
Como los dos tenían clases después del almuerzo y aún tenían tiempo a favor para ellos, se osó a escarbar en la bodega del lugar y se encargó de reparar el grifo que no dejaba de gotear.
Se empap