La joven insistió tantas veces en que debía volver a casa a cuidar de sus hermanos menores que Oliver no tuvo más remedio que obedecer y portarse como un caballero para llevarla hasta su casa.
Les tomó casi una hora regresar, pues se encontraron con un pequeño carnaval que embellecía algunas calles de la ciudad.
Música alegre se oía a su alrededor y autos repletos de globos de diferentes colores bloquearon su camino.
Oliver disfrutó del carnaval sin siquiera mirarlo y es que se perdió en Abiga