El viento helado lo tenía congelado, pero nada importaba, solo la compañía de Abigaíl, sus risitas divertidas y esas estrellas que lo hipnotizaron tanto como sus besos.
La joven lo abrazó por la cintura y apoyó su rostro en su pecho. Cerró los ojos y sintió su agitada respiración en compañía de los latidos de su corazón. Se meció de lado a lado y de ese modo tan original, lo invitó a bailar.
Él no dudó ni un solo segundo y tras abrazarla por la espalda, se movió con ella al mismo ritmo que ell