El lunes en la mañana, Abigaíl estaba demasiado agotada como para poder llevar a sus hermanos a la escuela y presentarse a la primera clase de su universidad, por lo que se tomó la mañana libre.
Para su desgracia, la noche anterior había salido con uno de sus viejos clientes, esos que pagaban bien y en efectivo y, aunque detestaba el alcohol, puesto que recordaba lo que le había hecho a su madre, solía beber hasta perder el conocimiento, todo para poder irse a la cama con un desconocido.
Antes