25

Oliver no pudo guardarse nada y tuvo que decirle a Abi lo que sentía:

—Te ves preciosa.

Ella le miró con sus grandes y expresivos ojos y cayó brevemente en un coqueteo seductor y delicado.

Mejillas ruborizadas, sonrisa coqueta.

A Oliver le fascinó ver ese lado delicado y tomó su mano para llevarla hasta el auto.

—Pensé que cenaríamos aquí —musitó ella, ansiosa de cambiar esos planes y le miró a los ojos con intensidad.

—No te mereces una cena aburrida aquí —afirmó Oliver y la joven se mostró
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