Cuando el mediodía llegó, Simona subió e invadió la privacidad de Oliver y se atrevió a despertarlo.
Sus hijas estaban impacientes por verlo y aunque la mujer estaba al corriente del cansancio que el hombre sentía, ese que se manifestaba incluso en su mirada, tuvo que sacarlo de su profundo descansar.
—Paula quiere saber si vendrás a almorzar con ellas —le dijo, mirándolo con angustia.
Tenía sentimientos encontrados. Por un lado, le habría encantado dejarlo descansar todo lo que necesitaba, per