Se quedaron dentro del coche a conversar, pero la mala suerte estaba de su lado.
Un coche policial aparcó junto a ellos para un control de rutina, un control que puso más nerviosa a Abigaíl de lo normal.
—Buenas noches —los saludó el policía y con una pequeña linterna observó al conductor con ojo crítico—. Vamos a hacer un pequeño control. Sus documentos, por favor —pidió amable y miró a Abigaíl con el ceño arrugado.
—Oficial —respondió Oliver entregándole toda la documentación que le solicitab